La respuesta corta y verdadera: un libro usado vale lo que alguien esté dispuesto a pagar hoy, y la mejor aproximación a eso es lo que están pidiendo ahora mismo los vendedores que tienen el mismo ejemplar. No hay tabla, no hay fórmula y no hay valor «oficial».
La respuesta larga es que ese número se puede acotar bastante bien en diez minutos, y que la mayoría de la gente se equivoca por mirar mal, no por no saber.
El método, en cuatro pasos
- Coge el ISBN de tu edición exacta. Sin esto, todo lo demás sobra: estás comparando libros distintos.
- Busca ese ISBN en varios catálogos de segunda mano a la vez y apunta los precios, con el envío incluido.
- Tira el más caro y el más barato. Suelen ser un vendedor despistado y un ejemplar con un problema que no ha contado.
- Lo que queda en medio es tu precio de mercado. Si vas a vender, ponte en la parte baja de esa horquilla; si vas a comprar, no pagues por encima de ella.
Ese «tira los extremos» no es una manía: es que la horquilla real es mucho más ancha de lo que la intuición dice.
Traducido: para un mismo libro es normal encontrar un ejemplar a 12 € y otro a 20 € el mismo día, sin que ninguno de los dos vendedores esté haciendo nada raro. Por eso el primer precio que ves no es información suficiente.
Qué cambia el valor de verdad
Por orden de peso real en el precio, de más a menos. Los dos primeros mandan mucho más que los otros tres juntos:
- Que esté agotado. Un libro vivo en catálogo tiene techo: nadie pagará mucho más de lo que cuesta pedirlo nuevo. Uno agotado no tiene techo.
- Cuántos ejemplares quedan a la venta. Con tres ejemplares en todo el mercado, el precio lo pone el vendedor. Con trescientos, lo pone el comprador.
- El estado, y en concreto la sobrecubierta. En tapa dura, un ejemplar sin sobrecubierta puede valer la mitad que el mismo con ella.
- La edición. Primera edición, ilustrada, o una traducción concreta que ya no se reedita.
- Firma o dedicatoria del autor. Aquí ya no estás tasando un libro, sino una pieza.
Y lo que casi no cambia nada, aunque todo el mundo lo pregunte: la antigüedad por sí sola. Un libro de 1950 sin más interés que su fecha vale menos que uno de 2005 agotado y buscado. Viejo no es lo mismo que raro.
Cuándo este método no sirve
Hay que decirlo, porque es donde la gente pierde dinero de verdad. Comparar precios funciona para el libro corriente de segunda mano —que es el 99 % de lo que hay en una casa—, y deja de funcionar en cuanto entras en terreno de bibliófilo:
- Libro anterior a 1900, y desde luego cualquier cosa anterior a 1800.
- Primeras ediciones de autores importantes, encuadernaciones firmadas, grabados sueltos.
- Ejemplares con procedencia: de una biblioteca conocida, con exlibris, anotados por alguien.
- Cualquier cosa donde el estado necesite un ojo entrenado para describirse.
En esos casos lo que vale es la tasación de un librero anticuario, y cuesta menos que equivocarse. Un profesional del gremio te dirá en una visita si lo que tienes es un libro o es una pieza.
Si lo que quieres es vender
Dos avisos prácticos. El primero: una biblioteca entera casi nunca se vende título a título, porque el tiempo que lleva no compensa; se vende en lote a una librería de viejo, y el precio del lote lo marcan los diez o veinte libros buenos que haya dentro. El segundo: antes de aceptar una oferta por el lote, mira el precio de esos diez, no el de los trescientos.